Martes, 05 de abril de 2005
Como ya lo dice Alber Vázquez, en su blog Consideraciones para la Máquina, no voy a escribirlo yo otra vez, me limito a copipastearlo:
Hablando mal de los muertos
Da cierto reparo, ¿no? Hablar mal de los muertos, digo. De todos los muertos en general, pero de los notorios en particular. Parece que, de pronto, alguien va a identificarte en el autobús y, alargando el dedo índice de la mano derecha, denunciarte públicamente: «es él, lo tenemos». Y, como salidos de la nada, los tipos que viajan en el transporte público te miran como los niños asesinos de «La invasión de los ladrones de cuerpos». Y estás jodido de verdad. ¿Qué hiciste? ¿Cuál fue tu gravísima afrenta? Pues decir que ese pájaro al que ahora han embalsamado en un ritual hortera y kitsch, fue, a lo largo de su vida, el mayor impulsor sobre la faz del planeta de todos valores que atentan contra el progreso, la inteligencia, la humanidad y la convivencia. Juan Pablo II fue, sí, un extremista ultra que se la juró a los condones, al divorcio y a las células madre y del cual, una sociedad gobernada por la razón, debería defenderse en lugar de aclamar. Vergüenza debería daros a todos.
Por: Andrés | General | Comentarios (0) | Referencias (0)
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